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Expertos aseguran que la narrativa de “Beto” es FALSA tras entrevista en el podcast Penitencia de Saskia Niño; advierten sobre la romantización de criminales

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Especialistas en criminología, psicología forense y perfilación criminal profundizaron en la entrevista al secuestrador “Beto” y señalaron que su narrativa podría ser una estrategia de manipulación, además de alertar sobre el peligro de romantizar a criminales mientras se invisibiliza el dolor de las víctimas.

El análisis sobre la entrevista que la activista Saskia Niño de Rivera realizó al secuestrador conocido como “Beto” continuó generando debate luego de que especialistas en criminología, psicología forense y análisis de conducta criminal profundizaran en el resto del contenido del podcast.

Durante la segunda parte del análisis, los expertos plantearon una pregunta central: si el sistema penal debería invertir grandes recursos en intentar reinsertar a criminales que, por sus características psicológicas, podrían representar un riesgo permanente para la sociedad.

Uno de los especialistas cuestionó directamente esa posibilidad.

“¿Valdría la pena que todos los recursos se vayan a reinsertar a un asesino que posiblemente no tenga cura? ¿Tú te lo llevarías a tu casa? ¿Lo quieres en tu institución?”, planteó durante el debate.

Perfil criminal y comparaciones con asesinos seriales

Para ilustrar su análisis, los especialistas compararon el caso con otros criminales seriales conocidos en México.

Entre ellos mencionaron a Juana Barraza, conocida como “La Mataviejitas”, quien también tuvo una infancia marcada por abuso y fue vendida por su madre cuando era niña. Sin embargo, los expertos recordaron que su patrón criminal estaba claramente dirigido hacia mujeres de edad avanzada, a quienes asociaba con la figura de su madre.

El criminólogo mexicano Gabriel Barrón —autor del libro El nudo del silencio— explicó en su momento que Barraza incluso llegó a perdonar la vida a una víctima cuando esta le dio la bendición, lo que reflejaba un conflicto psicológico específico con su agresora original.

Los especialistas señalaron que en los asesinos seriales suele existir un patrón donde las víctimas se parecen al agresor original.

Sin embargo, en el caso de Beto, señalaron que ocurre lo contrario.

Según explicaron, si su narrativa fuera completamente coherente con la teoría del “niño roto”, sus víctimas deberían haber sido hombres adultos con características similares a su supuesto agresor: policías o figuras de autoridad de edad similar.

En cambio, su historia describe secuestros de niños, un grupo extremadamente vulnerable.

La elección de las víctimas

Para los especialistas, este elemento resulta clave.

Los niños, señalaron, son víctimas fácilmente manipulables, con poca capacidad de defensa y con menor probabilidad de denunciar o comprender lo que ocurre.

“Un niño de cinco años no sabe qué es un Ministerio Público ni cómo denunciar”, explicó uno de los analistas.

Según el debate del podcast, los depredadores criminales suelen elegir objetivos que representen menor riesgo para ellos mismos.

De acuerdo con esta lógica, los especialistas sostienen que la selección de víctimas infantiles respondería más a una estrategia criminal racional que a una reacción emocional vinculada con su infancia

El uso del carisma y el lenguaje

Otro punto analizado fue el uso del lenguaje emocional durante la entrevista.

Los especialistas destacaron que el criminal utilizó palabras como “manita” o expresiones cercanas como “mi amor” para dirigirse a la entrevistadora, lo que interpretaron como una posible técnica de manipulación interpersonal.

Según explicaron, este tipo de estrategias buscan generar empatía y bajar la guardia emocional del interlocutor.

“Los psicópatas van midiendo todo el tiempo a la persona que tienen enfrente”, explicó uno de los expertos.

De acuerdo con el análisis, este tipo de criminales suelen poseer alto carisma, inteligencia social y capacidad para construir una imagen pública favorable, lo que puede influir en la percepción de la audiencia.

La objetización de las víctimas

Otro aspecto señalado fue la manera en que el propio criminal describía a los niños.

Según los especialistas, su narrativa reflejaba una deshumanización, al referirse a ellos como oportunidad, mercancía o negocio. Esto coincide con uno de los rasgos más estudiados en la psicopatía, donde las personas dejan de ser vistas como individuos y pasan a ser objetos utilitarios.

Los expertos también cuestionaron algunos detalles del relato, como la supuesta vida de lujo que el criminal aseguró haber tenido en Polanco durante su adolescencia. Para ellos, la historia plantea interrogantes sobre cómo un menor de edad podría rentar un departamento en una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México sin documentos oficiales.

Un psicópata consciente de su conducta

Uno de los momentos que más llamó la atención a los analistas fue cuando el propio criminal afirmó sentirse contenido dentro de la prisión. Según su relato, el encierro sería lo único que le impide continuar con sus actividades criminales. Para los especialistas, esta afirmación es particularmente reveladora porque indicaría que el sujeto sí reconoce la diferencia entre el bien y el mal, pero aun así eligió delinquir.


Además, señalaron que el propio discurso revela rasgos narcisistas, especialmente cuando habla de su gusto por objetos de marca, comodidades y una imagen personal cuidada.

“El dinero y el poder son lo que finalmente resultan más atractivos”, señaló uno de los participantes.

El debate sobre la romantización del criminal

En la parte final del análisis, los especialistas expresaron preocupación por el surgimiento de muestras de apoyo hacia el criminal en redes sociales.

Incluso señalaron que algunas personas han organizado colectas para enviarle productos de higiene personal a la prisión. Para los expertos, este fenómeno refleja cómo el carisma y una narrativa emocional pueden influir en la opinión pública, generando simpatía hacia un agresor

También advirtieron que este tipo de reacciones pueden provocar que la conversación pública se centre en el criminal y no en las víctimas.

“Mientras romantizamos la violencia, terminamos con la sociedad que hoy tenemos”, concluyó uno de los analistas.

Las víctimas que quedan en el olvido

El podcast cerró con un recordatorio sobre las consecuencias reales de los secuestros y asesinatos.

Los especialistas señalaron que detrás de cada caso existen familias devastadas, padres que viven un duelo permanente y comunidades marcadas por la violencia.

A diferencia del criminal, explicaron, las víctimas no reciben atención mediática, ni cartas, ni muestras de apoyo.

“Son padres que se quedan rotos para siempre”, dijo uno de los participantes.

El debate sobre el caso continúa creciendo en redes sociales y ha reabierto una discusión más amplia sobre los límites entre informar, analizar y romantizar la historia de quienes han cometido crímenes graves.




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